martes, 29 de septiembre de 2015
A donde van las palabras que no se dijeron?
Uno quiere que lo que no decimos, desaparezca, caiga en el olvido. Pero no. Lo que no decimos se nos acumula en el cuerpo.
Lo que no decimos se transforma en insomnio, dolor de garganta, nostalgia, destiempo.
Las cosas que no decimos se transforman en frustraciones, tristezas.
Lo que no decimos no muere, nos mata por dentro.
Lo que no decimos nos entierra en el pasado, y nos deja una herida abierta en el presente.
MARCIANOS Y VENUSIANAS
Surfeando la net, me tope con esta maravillosa explicación del porque de las diferencias entre hombres y mujeres. Tomando como base que pertenecemos a distintos planetas, pasen y lean:
Imagine que los hombres sean de Marte y las mujeres son de Venus. Un día hace mucho
tiempo, los marcianos, mirando a través de sus telescopios, descubrieron a
las venusinas. El solo hecho de echarles un rápido vistazo a las venusinas les
despertó sentimientos que no habían tenido nunca. Se enamoraron e inventaron
rápidamente los viajes espaciales para volar cerca de Venus.
Las venusinas recibieron a los marcianos con los brazos abiertos. Habías
sabido en forma intuitiva que ese día llegaría alguna vez. Sus corazones se
abrieron de par en par para un amor que nunca antes habían sentido.
El amor entre venusinas y marcianos fue mágico. Se maravillaron estando
juntos, haciendo cosas juntos y comunicándose entre sí. Aunque eran de
mundos diferentes, se deleitaron en sus diferencias. Pasaron meses aprendiendo
uno acerca del otro, explorando y valorando sus diferentes necesidades,
preferencias y pautas de comportamiento. Durante años vivieron juntos,
enamorados y en armonía.
Luego decidieron volar hacia la tierra. Al principio todo era maravilloso y
hermoso. Pero se impusieron los efectos de la atmósfera terrestre y una mañana
todos se despertaron con un tipo peculiar de amnesia: ¡la amnesia selectiva!
Tanto los marcianos como las venusinas olvidaron que eran de planetas
diferentes y que se suponía que eran diferentes. En una mañana todo lo que
habían aprendido acerca de sus diferencias fue borrado de sus memorias.
Y desde ese día, hombres y mujeres han estado en conflicto.
El recuerdo de nuestras diferencias. Sin el conocimiento de su diferencia,
los hombres y las mujeres se enfrentan unos a otros. En general nos sentimos
frustrados o enojados con el sexo opuesto porque hemos olvidado esa
verdad importante. Esperamos que el sexo opuesto sea más como nosotros.
Deseamos que “quieran lo que queremos” y “ sientan lo que sentimos”.
Suponemos erróneamente que si nuestros compañeros nos aman reaccionarán
y se comportaran de cierta forma, la forma en que nosotros reaccionamos
y nos comportamos cuando amamos a alguien. Esa actitud nos dispone
a sentirnos decepcionados una y otra vez y nos impide tomar el tiempo necesario
para comunicar en forma afectuosa cuales son nuestras diferencias.
Suponemos erróneamente que si nuestros compañeros nos aman reaccionan
y se comportan de cierta forma, la forma en que nosotros reaccionamos y
nos comportamos cuando amamos a alguien.
Los hombres esperan erróneamente que las mujeres piensen, se comuniquen
y reaccionen en la forma en que lo hacen los hombres, las mujeres esperan
erróneamente que los hombres sientan, se comuniquen y respondan en
la forma en que lo hacen las mujeres. Hemos olvidado que se supone que
hombres y mujeres son diferentes. Como resultado de ello, nuestras relaciones
se llenan da fricciones y conflictos innecesarios.
El hecho de reconocer y respetar con claridad dichas diferencias reduce drásticamente la confusión cuando uno trata con el sexo opuesto. Todo puede
explicarse cuando uno recuerda que los hombres son de Marte y las mujeres
son de Venus.
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